Talasofobia (Miedo al mar): Qué es, causas y tratamiento

Algunas personas tienen una verdadera fobia al mar, que ven en su mente como un peligro inmenso, metafóricamente como un monstruo maligno que puede tragarse en sus ilimitadas profundidades, y les asalta el miedo si se acercan siquiera a la orilla, o verdaderos ataques de pánico si intentan subir a un barco o a un hidrodeslizador.

El miedo al mar, también conocido como talasofobia, es un miedo muy extendido que también esconde motivaciones que poco tienen que ver con el mar, como el miedo a dejarse llevar y el miedo a no tener el control de la situación. Los talasófobos también tienen miedo a la profundidad del mar y también a su propia conciencia. El miedo al amor también está muy extendido: ¡mira el vídeo y descubre en qué consiste la filofobia!

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¿Qué es la talasofobia?

Miedo al mar, a las aguas profundas y a lo desconocido. Este tipo de miedo se denomina talasofobia, de la antigua palabra griega que significa miedo al mar. En concreto, la talasofobia es una gran fobia al mar abierto, donde no se puede tocar y sólo se puede vislumbrar la orilla desde lejos. En la mente de los talasófobos, el mar suele representar lo desconocido, un abismo desconocido donde el agua de las olas puede sumergirte en un minuto y la corriente arrastrarte para siempre.

Sin embargo, para muchos, el mar es algo inmensamente bello y grandioso que hay que admirar en todas las estaciones, para disfrutarlo bajo el sol caliente y en el encanto de las noches de verano. En definitiva, el mar es una maravilla que se roba con los ojos, un perfume delicioso que se respira, un beneficio para el cuerpo y un relax para el espíritu.

Pero para los que padecen talasofobia, el mar es sobre todo creador de ansiedad y angustia, del miedo a hundirse en sus profundidades, a perder la orientación, a no salir a la superficie y ahogarse, y también a toparse con peces agresivos, remolinos o rocas astilladas. Para los que tienen miedo al mar, los peligros parecen gigantescos e infinitos. Es sobre todo lo desconocido lo que les aterra. Su temor puede esconder el miedo a perder el control, sin control, como en alta mar, donde no hay nada a lo que agarrarse.

Miedo al mar: causas de la talasofobia

Las causas de la talasofobia pueden ser traumas de la infancia, malos recuerdos o historias de personas a punto de ahogarse, desconocimiento del mar en la infancia, falta de conocimiento del mundo marino y marítimo. Incluso el roce con un pez, un alga o una medusa puede provocar mareos, agitación, temblores, aceleración de los latidos del corazón, ansiedad y ataques de pánico en quienes padecen este miedo.

Sólo la ayuda de un psicólogo puede enseñarnos a gestionar las fobias, incluida la del mar, empezando por controlar las múltiples manifestaciones de la ansiedad y el miedo. Después de analizar el problema y los intentos infructuosos del sujeto por resolver este problema, que tanto malestar y sufrimiento le causa, el psicólogo aplicará el protocolo previsto para el curso terapéutico, suspendiendo probablemente cualquier técnica personal del paciente.

La talasofobia es el miedo al mar, pero también a los lagos y a las grandes masas de agua. Algunas personas tienen grandes dificultades frente a las aguas profundas, y es difícil convencerlas de que se alejen aunque sea un metro de la orilla o de que vayan incluso en compañía donde «no toca». No hay que coaccionar, regañar o reírse de estas personas.

El miedo que padecen puede tener causas lejanas y muy arraigadas, y la ayuda no puede venirles de un familiar o un amigo, sino sólo de un profesional. El mar es muy bueno para la piel, el estado de ánimo, la tiroides, las piernas, el sistema respiratorio y también es beneficioso para quienes sufren de talalgia. Pero perjudica a los que le tienen miedo, hasta que consiguen superarlo.

La talasofobia no es una hidrofobia

El miedo al mar, la talasofobia, se diferencia de la hidrofobia, que es el miedo a los líquidos y especialmente al agua. La talasofobia es principalmente un miedo al agua profunda, incluso a una piscina grande. Las personas que sufren este miedo sienten un enorme temor a lo desconocido de las profundidades marinas y sus ataques de pánico parecen, obviamente, injustificados e infundados a los ojos de quienes no comprenden el motivo.

Este problema se da con mucha frecuencia en los niños, pero como la fobia lleva poco tiempo arraigada en ellos, pueden superarla más rápidamente y con menos esfuerzo que los adultos. No hay que creer que se puede vencer el miedo al mar de un niño arrojándolo al agua sin saberlo o de forma repentina, ni tampoco hay que estar convencido de que así se superará más rápidamente. Hay que ayudar a los niños a trabajar sobre sí mismos con paciencia, sin forzarlos nunca, igual que hay que ayudar a los adultos.

Un sistema muy bueno es utilizar el juego como distracción, para hacerles sonreír y relajarse, viendo a sus padres bromear serenamente. De este modo, se harán amigos de esta realidad desconocida y, poco a poco, cada día, la conocerán, se acostumbrarán a ella y quizás se diviertan chapoteando en el agua. Un poco como cuando se da el primer baño a un bebé y se le anima y distrae con canciones y marionetas y peces de goma de colores.

Cómo superar la talasofobia o el miedo al mar

Las personas que padecen talasofobia no sólo tienen miedo al mar, sino también a todo lo que pueda ocultarles y tocarles mientras están en el agua, a los afloramientos rocosos, a las algas viscosas, a las medusas que dejan su huella e incluso, en el caso de los traumas infantiles de las películas o los dibujos animados, a los tiburones y monstruos marinos que salen del agua para tragarles.

No se trata sólo de saber o no saber nadar, ya que en la mayoría de los casos se trata de un miedo irracional y forzarlo puede provocar graves ataques de pánico y nuevos traumas. Para superar este gran miedo al mar, primero hay que aprender a respirar de forma natural, sin pausas, sin contener la respiración antes de exhalar. A continuación, el sujeto debe acostumbrarse al agua, siempre poco profunda, a ser posible transparente, con el fondo marino bien visible para tranquilizarlo. Para combatir el miedo a las aguas profundas, hay que aprender poco a poco a bucear en apnea, a flotar con la ayuda de un aro salvavidas, un bote, cerca de una boya, a soltarse lentamente y a nadar donde toca.

Al final de este post, puedes enfrentarte al mar en pequeños pasos, primero parándote en la orilla por un largo tiempo, para observar el movimiento de las olas, o tratando de girar para acostumbrarte al mareo que da, nadando. Si se trata de un niño, puede ser útil leer libros con ilustraciones coloridas de peces, algas y corales. Un talasófobo también podría ser alguien que tiene miedo al cambio en todos los sentidos, que necesita tener todo bajo control, que necesita puntos de referencia fijos, que teme las situaciones imprevistas y no resueltas y, sobre todo, que es incapaz de mirar profundamente en su interior.

En estos casos, el apoyo de un psicólogo es indispensable.

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