Tecnofobia: fobia o miedo a internet y las nuevas tecnologías

El miedo a la tecnología (tecnofobia, del griego τέχνη, technē, arte y φόβος, phobos, miedo) sólo se ha codificado y reconocido recientemente.

El DSM-5 lo incluye en los trastornos de ansiedad y por sus características lo cuenta entre las fobias específicas. Pero, ¿cómo se manifiesta esta fobia, cada vez más compleja a medida que evoluciona la tecnología?

Tecnofobia: qué es y cómo se manifiesta

La tecnofobia se define generalmente como el miedo constante y persistente a la tecnología y, más concretamente, se identifica con el sentimiento de ansiedad grave asociado al uso de cualquier objeto tecnológicamente avanzado, en particular el ordenador.

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En el pensamiento y la cultura popular se ejemplifica a través de películas como Terminator, pero aparece por primera vez en la literatura en el siglo XIX con la novela Frankenstein de Mary Shelley.

A diferencia de otras fobias específicas, la tecnofobia se caracteriza no tanto por un terror incontrolado como por la necesidad de distanciarse del objeto o de evitar la situación que implica su uso.

El tecnófobo es en su mayoría ignorante (¡y quiere seguir siéndolo!) sobre el uso de dispositivos y se niega a aceptar el cambio.

¿A quién afecta la tecnofobia?

El tecnófobo se encuentra sobre todo entre los miembros de la generación mayor. Normalmente, el tecnófobo no ha crecido con ordenadores, acrónimos complicados o juegos digitales.

Muy a menudo son los jóvenes los que asumen el papel de profesores y, con bastante frecuencia, los mayores desarrollan graves problemas de autoestima, lo que alimenta la duda sobre su propia capacidad y, por tanto, conduce a problemas de autoeficacia percibida.

Según el DSM 5, el tecnófobo es aquel que puede mostrar:

  • Miedo o ansiedad marcados (temblores, dificultad para respirar) hacia un objeto tecnológico específico o hacia una situación que implique su uso (por ejemplo, ansiedad al ver un teléfono móvil u observar a alguien que lo utiliza para hacer una llamada);
  • Evitación marcada del objeto o de la situación en la que se utilizaría (por ejemplo, no entrar en la habitación porque el ordenador está encendido);
  • El miedo, la ansiedad o la evitación son persistentes y suelen durar 6 meses o más;
  • El miedo, la ansiedad o la evitación perjudican el funcionamiento social de la persona.

Tipos de tecnofobia

Existen tres tipos de tecnofobia, definidos según el grado de ansiedad creciente que se manifiesta durante el uso del ordenador:

  • Los llamados usuarios incómodos: se trata de personas que pueden sentirse ligeramente ansiosas al utilizar una tecnología. Pueden hacer algunas autoafirmaciones negativas, pero generalmente no necesitan una atención individualizada para estos problemas. Estas personas simplemente no han adquirido (todavía) la información correcta sobre el uso del ordenador para respaldar sus preocupaciones.
  • Fóbicos cognitivos al ordenador: Estas personas parecen tranquilas y relajadas en la superficie. Sin embargo, en su interior, los fóbicos a los ordenadores se bombardean a sí mismos con mensajes negativos como «¡Todo el mundo sabe manejar esta cosa menos yo!» o «¡Voy a pulsar el botón equivocado y destruir la máquina, puedo sentirlo!».
  • Fóbicos al ordenador: estos individuos son los que muestran los signos clásicos de las reacciones de ansiedad cuando interactúan con los ordenadores, incluyendo el aumento de la sudoración en las palmas de las manos, aceleración de los latidos del corazón y palpitaciones, dolores de cabeza, etc.

Origen y causas de la tecnofobia

Hay una línea de investigación que identifica la génesis de la tecnofobia mucho antes de la llegada de los ordenadores. El miedo a la tecnología, y especialmente el miedo a que la tecnología destruya nuestras profesiones, ha estado con nosotros desde que existe el concepto de profesión.

Desde el telar de la Revolución Industrial hasta la bicicleta, la mecanización siempre ha suscitado una fuerte preocupación humana por el hecho de que la tecnología reduzca la mano de obra o altere la sociedad de forma disruptiva.

A lo largo de la historia, ha habido y sigue habiendo grupos que se denominan tecnófobos, como los luditas y los amish. Ambos se caracterizan por una fuerte postura social contra la tecnología y sus aplicaciones.

Los luditas, activos durante la Revolución Industrial y hasta la década de 1920, lo hacían porque odiaban la idea de ser desposeídos de su puesto de trabajo por las máquinas, mientras que los amish, hasta hoy, repudian la tecnología por razones religiosas.

La tecnofobia es, por tanto, una aversión inicialmente individual, pero que puede extenderse a nivel social. Los mayores temores actuales van desde la pérdida de puestos de trabajo hasta el fin de la civilización, debido a los robots y la inteligencia artificial.

¿Cómo podemos hacer frente a la tecnología?

Para ayudar a la gente a tomar conciencia del problema, tenemos que trabajar en la prevención antes de centrarnos en el tratamiento. ¿Cómo?

  1. Celebrar seminarios, talleres y sesiones de formación sobre la tecnofobia: cuanta más información y conocimientos se compartan sobre el tema, más fácil será que la gente reconozca que tiene un problema.
  2. Sentir tecnofobia no es algo de lo que haya que avergonzarse: no es una enfermedad y, desde luego, no es algo que refleje las escasas capacidades intelectuales del individuo. Por lo tanto, es importante eliminar la culpa y la vergüenza de cualquier debate sobre la tecnofobia, recordando que se trata de un problema que afecta a muchas personas, desde los directores hasta las limpiadoras.
  3. Admitir y reconocer el problema de la sobrecarga de información y el ritmo incesante de la tecnología. Mantenerse al día con la tecnología es un esfuerzo que todas las personas hacen. Lo único que cambia es el grado de cansancio percibido para mantenerse al día.

Cuando la persona se percibe a sí misma como muy deteriorada y muestra signos de ansiedad y evitación, será necesario actuar directamente sobre la causa de los síntomas.

Tratamientos para la tecnofobia

Los tratamientos más comunes para la tecnofobia incluyen:

Terapia cognitivo-conductual

La terapia cognitivo-conductual (TCC) para la tecnofobia suele consistir en varias visitas individuales con un terapeuta autorizado.

En estas sesiones, el paciente y el terapeuta hablan sobre los pensamientos del paciente hacia la tecnología. El terapeuta puede intentar provocar un cambio en las actitudes del paciente a lo largo del tiempo, lo que puede llevar a una aceptación de la tecnología.

Terapia de exposición

La terapia de exposición para la tecnofobia consiste en varias semanas o meses de exposición progresiva a la tecnología, guiada por un terapeuta, pero controlada por el paciente.

La primera semana, el paciente y el terapeuta estarán simplemente en la misma habitación con un ordenador sobre la mesa, sin que la máquina esté conectada a la corriente.

A la semana siguiente, el terapeuta convencerá al paciente de que encienda el ordenador. A la semana siguiente, el terapeuta puede pedir al sujeto que intente utilizar el ratón.

Con el tiempo, la terapia de exposición combinada con cursos estructurados sobre el uso de la tecnología ha demostrado su eficacia en el tratamiento de la tecnofobia, especialmente en pacientes de edad avanzada.

Medicamentos contra la ansiedad

Los ansiolíticos se recetan habitualmente para tratar los trastornos de ansiedad y algunas fobias sociales. Sin embargo, los autores señalan que no hay pruebas concluyentes de que los ansiolíticos sean eficaces para tratar la tecnofobia.

En última instancia, el mejor tratamiento para la tecnofobia es la terapia cognitivo-conductual o la terapia de exposición.

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